miércoles, 25 de enero de 2012

A contracorriente

It's a little bit funny this feeling inside
I'm not one of those who can easily hide
I don't have much money but boy if I did
I'd buy a big house where we both could live

If I was a sculptor, but then again, no
Or a man who makes potions in a travelling show
I know it's not much but it's the best I can do
My gift is my song and this one's for you

And you can tell everybody this is your song
It may be quite simple but now that it's done
I hope you don't mind
I hope you don't mind that I put down in words
How wonderful life is while you're in the world

I sat on the roof and kicked off the moss
Well a few of the verses well they've got me quite cross
But the sun's been quite kind while I wrote this song
It's for people like you that keep it turned on

So excuse me forgetting but these things I do
You see I've forgotten if they're green or they're blue
Anyway the thing is what I really mean
Yours are the sweetest eyes I've ever seen

La dulce melodía del piano baña mis oídos, una ligera voz continua con una canción interminable. Lenta, entristecedora, aunque vale la pena escucharla. Una canción para dedicar, para escuchar, para lamentar. Canción que hace recordar el dolor sacado del amor.
Hoy especialmente hoy, es un día de los que solo piensas que te has levantado en contra del mundo, donde rezas para que pare y te puedas bajar tranquilo y dejar de pelear contracorriente. Solo ves miradas acusadas, conversaciones forzadas, sonrisas hipócritas. Hoy y espero que solamente hoy es como encuentro al mundo conmigo. Solo encuentro falsas esperanzas refugiándome detrás de estas teclas, detrás de esta melodía bañada por mis lagrimas. Lloro porque lo que encuentro en mi camino no es agradable. Y lo único que me queda ahora mismo son lágrimas bañadas en melancolía, tristeza, amor, desilusión, preocupación, ignorancia. Unas cosas se tapan a otras, se acumulan de golpe encima de mi cabeza y piso con miedo a que un día de estos, todas esas cosas se derrumbe dejándome sepultado y olvidado. Miedo es lo que en el fondo todos sentimos, miedo a la muerte, al olvido, al desamor, al dolor. Una lista interminable de las que nos alejamos para poder vivir tranquilos, pero que un día llegan a tu vida.
Hoy es hora de llegar a mi fría cama y dormir pensando en que mañana será mejor, en que mañana todo esto será un olvido más que olvidar. Solo eso un recuerdo que me dejo un  mal sabor de boca y a lo mejor y solo a lo mejor mañana la vida despierta sonriéndome y noto como no nado contracorriente y solo dejo llevarme por las personas.

sábado, 21 de enero de 2012

Una rutina interrumpida

La alarma del móvil suena, me saca rápidamente de mi profundo sueño. I belive I can fly suena mientras lentamente me levanto de la cama pisando el frio suelo. Bostezando voy abriéndome paso hacia el baño donde lentamente introduzco las manos en esa agua helada que me saca definitivamente del sueño.
Abro el grifo de la ducha mientras voy a mi habitación en busca de ropa que ponerme. Cuando llego el baño está lleno de esa nube espesa de vapor que tanto me gusta. Lentamente me meto en la ducha y me preparo para un nuevo día. De nuevo estoy listo para que la rutina me asalte. Una vez preparado, me lavo los dientes con pesadez y costumbre. Miro al espejo, limpiando de vaho con el dorso de la mano, me rio de mis propios pelos, convenciéndome que hoy no pasa sin que me corte el pelo.
Saco los cascos y mi Ipod, me abrocho el abrigo, botón a botón cuidadosamente. Voy con prisas como siempre, una de las tantas promesas que hago cada día es que no volveré a levantarme con el tiempo justo. Pero como hoy y ayer y antes de ayer no cumpliré jamás. Una vez más, gracias a mi música me introduzco en mi vida.
Misma parada de autobús, las mismas personas de siempre, con sus caras largas con sus aburridas vidas a cuestas. Titi el sonido me avisa que he pagado, y rápidamente busco el mismo sitio de siempre, aunque hoy está ocupado por una chica joven. Me siento justo en frente, observando cómo rápidamente ella baja la vista vergonzosa. Yo me tomo mi tiempo observando, su bonito pelo moreno, su bonita sonrisa y sus ojos color verde. Ella vence lentamente a su vergüenza y nos miramos fijamente, esta vez me toca perder a mí  y mientras la dedico una sonrisa, bajo la cabeza. Y así continuamos hasta que llega mi parada, alargo el brazo y presiono ese botón rojo que escribe stop. Cojo mi mochila y me encamino hacia mi parada no antes sin detenerme unos segundos más en mirarnos mutuamente y sonreírla de nuevo. Para mi sorpresa ella también coge su mochila y se encamina hacia la salida de ese tambaleante autobús. Bajamos y antes de irme y marcharme sin saber si la volveré a ver giro la cabeza, para dedicarla una nueva sonrisa y una nueva mirada llena de vergüenza.
Termina el día y me acuesto pronto, mañana vuelta a la rutina, aunque esta noche tengo ganas de que llegue mañana, para comprobar si el destino me volverá a sonreír.
I belive I can fly… Apago el despertador del móvil, y me preparo para la rutina, me coloco mis cascos y los conecto a mi Ipod. Me rodeo el cuello con la bufanda y me coloco un gorro. Me encamino a mi parada sonriendo porque hoy y solo hoy, si el destino quiere sonreírme volveré a ver a esa chica tan preciosa de ayer, podre volver a mirar fijamente esos ojos. Podre descubrir esa sonrisa perfecta.
Llega el autobús y sonriente subo. Mi primera vista es hacia mi lugar, el lugar de siempre pero hoy esta vacio. Mi sonrisa se apaga inmediatamente y  hoy retomo la rutina cabizbajo. Hasta que al caminar hacia el mismo sitio de siempre, la encuentro al final del autobús, sonriéndome como el día anterior, apartándose el pelo de la cara. Dejándome atontado por unos instantes. Me siento en el mismo sitio de siempre, sonriendo de nuevo. Ella se ha levantado y se ha sentado delante de mí. Otra vez jugamos a este pulso de miradas en la que ella es la clara vencedora. Me encanta este juego, pero sobretodo me encanta perder con ella. Hoy el tiempo pasa rápido y el trayecto se nos hace corto, vuelvo a presionar el botón rojo mientras me levanto dedicándole la última sonrisa del viaje. Descubro que como ayer se levanta en la misma parada que yo. El autobús reduce lentamente su velocidad, y las puertas se abren. Salgo y ella me sigue. Yo tomo el camino de la derecha, ella el de la izquierda, pero antes de marcharse, me grita:-Me llamo Irene. El día pasa sin precedentes, la misma aburrida y rutina de siempre.
Me encuentro en la parada, a lo lejos diviso el autobús, pero hoy la sorpresa acude antes a mí. Ella está en la fila esperando el autobús mirándome desde hace rato. Abandono la fila y lentamente me acerco a ella.
-Hola Irene, soy Marcos. ¿Qué tal?- Miro fijamente su bonita sonrisa y como sonrojada se aparta el pelo de su cara, creo que me empieza a gustar y todavía no la conozco.
¬-Hola Marcos. Genial y ¿tú?- Me mira fijamente a los ojos desafiándome, retándome a que mantenga la mirada y no voy a ser menos.
-Genial desde la primera vez te vi en el autobús, pero creo que hoy es un día especial porque te encuentro en esta misma parada, te encuentro un poco antes. Y así estaremos unos minutos más juntos.- El trayecto pasa rápido. Últimamente me pasa amenudeo, hablando conociéndonos un poco más. Llega nuestra parada y alargo el brazo para pulsar el botón rojo de nuevo, para separarme de ella, pero la vida me vuelve a dar una sorpresa. Nuestras manos se rozan en busca del botón de parada. Atontado la sujeto los dedos unos segundos que me parecen minutos. Y sonriendo suelto sus dedos para levantarme y encaminarme a la salida.
Nos bajamos y cada uno retomamos nuestra rutina, pero antes de que ella se aleje demasiado la grito:-Irene.
Ella se ha dado la vuelta y me vuelve a sonreír, me acerco lentamente hacia ella. Los nervios cada paso son más intensos. Nos acercamos tanto que puedo notar su respiración, lentamente cerramos los ojos y nos damos un cálido beso.

jueves, 19 de enero de 2012

El Pasado, Pasado Está

Me levanto con la mirada borrosa, buscando a tientas las gafas. Durante la búsqueda me golpeo con algún que otro mueble. Conteniendo el grito de dolor para no despertar a los demás.
Me dirijo al baño a lavarme la cara, peinarme un poco y me siento delante de mi ventana, observando como la luna se escapa  tímida del cielo y poco a poco el sol baña con sus primeros rayos el cielo. Tiñendo el cielo de un rosa malva que deja impresionado a más de uno.
Con frio cojo una manta y me la echo por encima friccionando con las manos por encima de la manta para que el frio salga de mi cuerpo y en su lugar entre el calor. Lentamente como el sol sale todas las mañanas bañando el barrio de su luz particular, entro en un ligero sueño. Estoy en un camino, donde este se bifurca en dos y después en otros dos. Miles de ramas que dan a ver mi largo futuro. Esto viendo el futuro, pero que es de mi pasado. Me doy la vuelta y observo cómo solo un camino me ha llevado hasta donde me encuentro ahora. Decido pasear por mi pasado y dejar el futuro incierto para más adelante. Lentamente empiezo a descorrer lo recorrido, por ese camino de tierra, encontrando mis huellas que con cuidado trato de no borrar.
Llego despacio, pero llego al principio de mi vida, hace rato que deje de ver caminos cerrados, supongo que al ser tan pequeño, todo era más fácil y las decisiones las tomaban por mí. Me asomo al final del camino encontrado un largo vacio, una larga caída hacia la nada. Y eso es lo que somos, nada. En un pasado no éramos nada, solo una vaga idea de nuestros padres. Me doy la vuelta, y vuelvo a retomar lo que un día me dio miedo a pensar. Mi pasado y mis decisiones. Miro con atención uno por uno cada camino cerrado que no quise recorrer. Observando con intención lo que viví, y que decidí.
Me doy cuenta, que damos mucha importancia al pasado, pero cuando termino el recorrido de vuelta de algo estaba seguro. Y es que todas y cada una de las decisiones que tome, fueron las correctas y si no las fueron. Yo tuve la potestad de cambiar las cosas para que fueran correctas. Y me termino dando cuenta de que el pasado, pasado es. Y por mucho que recordemos nuestros viejos tiempos, no tendremos la potestad de poder cambiarlo a nuestra voluntad. Pero después de un largo recorrido si  saque algo en claro y es que el pasado no importa. Porque lo que de verdad importa es ese camino que tengo frente a mis ojos, el camino del futuro, el donde y hasta cuando llegare.
En definitiva, somos nada pero tenemos en nuestras manos llegar a ser alguien y eso nadie nos lo puede quitar.
-Ey despierta, te has quedado dormido en la silla. –Me despierta lo más importante. Mi “yo” del presente. Porque en definitiva. Ni el pasado se puede cambiar, ni el futuro sabremos como llegará.