Me levanto con la mirada borrosa, buscando a tientas las gafas. Durante la búsqueda me golpeo con algún que otro mueble. Conteniendo el grito de dolor para no despertar a los demás.
Me dirijo al baño a lavarme la cara, peinarme un poco y me siento delante de mi ventana, observando como la luna se escapa tímida del cielo y poco a poco el sol baña con sus primeros rayos el cielo. Tiñendo el cielo de un rosa malva que deja impresionado a más de uno.
Con frio cojo una manta y me la echo por encima friccionando con las manos por encima de la manta para que el frio salga de mi cuerpo y en su lugar entre el calor. Lentamente como el sol sale todas las mañanas bañando el barrio de su luz particular, entro en un ligero sueño. Estoy en un camino, donde este se bifurca en dos y después en otros dos. Miles de ramas que dan a ver mi largo futuro. Esto viendo el futuro, pero que es de mi pasado. Me doy la vuelta y observo cómo solo un camino me ha llevado hasta donde me encuentro ahora. Decido pasear por mi pasado y dejar el futuro incierto para más adelante. Lentamente empiezo a descorrer lo recorrido, por ese camino de tierra, encontrando mis huellas que con cuidado trato de no borrar.
Llego despacio, pero llego al principio de mi vida, hace rato que deje de ver caminos cerrados, supongo que al ser tan pequeño, todo era más fácil y las decisiones las tomaban por mí. Me asomo al final del camino encontrado un largo vacio, una larga caída hacia la nada. Y eso es lo que somos, nada. En un pasado no éramos nada, solo una vaga idea de nuestros padres. Me doy la vuelta, y vuelvo a retomar lo que un día me dio miedo a pensar. Mi pasado y mis decisiones. Miro con atención uno por uno cada camino cerrado que no quise recorrer. Observando con intención lo que viví, y que decidí.
Me doy cuenta, que damos mucha importancia al pasado, pero cuando termino el recorrido de vuelta de algo estaba seguro. Y es que todas y cada una de las decisiones que tome, fueron las correctas y si no las fueron. Yo tuve la potestad de cambiar las cosas para que fueran correctas. Y me termino dando cuenta de que el pasado, pasado es. Y por mucho que recordemos nuestros viejos tiempos, no tendremos la potestad de poder cambiarlo a nuestra voluntad. Pero después de un largo recorrido si saque algo en claro y es que el pasado no importa. Porque lo que de verdad importa es ese camino que tengo frente a mis ojos, el camino del futuro, el donde y hasta cuando llegare.
En definitiva, somos nada pero tenemos en nuestras manos llegar a ser alguien y eso nadie nos lo puede quitar.
-Ey despierta, te has quedado dormido en la silla. –Me despierta lo más importante. Mi “yo” del presente. Porque en definitiva. Ni el pasado se puede cambiar, ni el futuro sabremos como llegará.
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