sábado, 21 de enero de 2012

Una rutina interrumpida

La alarma del móvil suena, me saca rápidamente de mi profundo sueño. I belive I can fly suena mientras lentamente me levanto de la cama pisando el frio suelo. Bostezando voy abriéndome paso hacia el baño donde lentamente introduzco las manos en esa agua helada que me saca definitivamente del sueño.
Abro el grifo de la ducha mientras voy a mi habitación en busca de ropa que ponerme. Cuando llego el baño está lleno de esa nube espesa de vapor que tanto me gusta. Lentamente me meto en la ducha y me preparo para un nuevo día. De nuevo estoy listo para que la rutina me asalte. Una vez preparado, me lavo los dientes con pesadez y costumbre. Miro al espejo, limpiando de vaho con el dorso de la mano, me rio de mis propios pelos, convenciéndome que hoy no pasa sin que me corte el pelo.
Saco los cascos y mi Ipod, me abrocho el abrigo, botón a botón cuidadosamente. Voy con prisas como siempre, una de las tantas promesas que hago cada día es que no volveré a levantarme con el tiempo justo. Pero como hoy y ayer y antes de ayer no cumpliré jamás. Una vez más, gracias a mi música me introduzco en mi vida.
Misma parada de autobús, las mismas personas de siempre, con sus caras largas con sus aburridas vidas a cuestas. Titi el sonido me avisa que he pagado, y rápidamente busco el mismo sitio de siempre, aunque hoy está ocupado por una chica joven. Me siento justo en frente, observando cómo rápidamente ella baja la vista vergonzosa. Yo me tomo mi tiempo observando, su bonito pelo moreno, su bonita sonrisa y sus ojos color verde. Ella vence lentamente a su vergüenza y nos miramos fijamente, esta vez me toca perder a mí  y mientras la dedico una sonrisa, bajo la cabeza. Y así continuamos hasta que llega mi parada, alargo el brazo y presiono ese botón rojo que escribe stop. Cojo mi mochila y me encamino hacia mi parada no antes sin detenerme unos segundos más en mirarnos mutuamente y sonreírla de nuevo. Para mi sorpresa ella también coge su mochila y se encamina hacia la salida de ese tambaleante autobús. Bajamos y antes de irme y marcharme sin saber si la volveré a ver giro la cabeza, para dedicarla una nueva sonrisa y una nueva mirada llena de vergüenza.
Termina el día y me acuesto pronto, mañana vuelta a la rutina, aunque esta noche tengo ganas de que llegue mañana, para comprobar si el destino me volverá a sonreír.
I belive I can fly… Apago el despertador del móvil, y me preparo para la rutina, me coloco mis cascos y los conecto a mi Ipod. Me rodeo el cuello con la bufanda y me coloco un gorro. Me encamino a mi parada sonriendo porque hoy y solo hoy, si el destino quiere sonreírme volveré a ver a esa chica tan preciosa de ayer, podre volver a mirar fijamente esos ojos. Podre descubrir esa sonrisa perfecta.
Llega el autobús y sonriente subo. Mi primera vista es hacia mi lugar, el lugar de siempre pero hoy esta vacio. Mi sonrisa se apaga inmediatamente y  hoy retomo la rutina cabizbajo. Hasta que al caminar hacia el mismo sitio de siempre, la encuentro al final del autobús, sonriéndome como el día anterior, apartándose el pelo de la cara. Dejándome atontado por unos instantes. Me siento en el mismo sitio de siempre, sonriendo de nuevo. Ella se ha levantado y se ha sentado delante de mí. Otra vez jugamos a este pulso de miradas en la que ella es la clara vencedora. Me encanta este juego, pero sobretodo me encanta perder con ella. Hoy el tiempo pasa rápido y el trayecto se nos hace corto, vuelvo a presionar el botón rojo mientras me levanto dedicándole la última sonrisa del viaje. Descubro que como ayer se levanta en la misma parada que yo. El autobús reduce lentamente su velocidad, y las puertas se abren. Salgo y ella me sigue. Yo tomo el camino de la derecha, ella el de la izquierda, pero antes de marcharse, me grita:-Me llamo Irene. El día pasa sin precedentes, la misma aburrida y rutina de siempre.
Me encuentro en la parada, a lo lejos diviso el autobús, pero hoy la sorpresa acude antes a mí. Ella está en la fila esperando el autobús mirándome desde hace rato. Abandono la fila y lentamente me acerco a ella.
-Hola Irene, soy Marcos. ¿Qué tal?- Miro fijamente su bonita sonrisa y como sonrojada se aparta el pelo de su cara, creo que me empieza a gustar y todavía no la conozco.
¬-Hola Marcos. Genial y ¿tú?- Me mira fijamente a los ojos desafiándome, retándome a que mantenga la mirada y no voy a ser menos.
-Genial desde la primera vez te vi en el autobús, pero creo que hoy es un día especial porque te encuentro en esta misma parada, te encuentro un poco antes. Y así estaremos unos minutos más juntos.- El trayecto pasa rápido. Últimamente me pasa amenudeo, hablando conociéndonos un poco más. Llega nuestra parada y alargo el brazo para pulsar el botón rojo de nuevo, para separarme de ella, pero la vida me vuelve a dar una sorpresa. Nuestras manos se rozan en busca del botón de parada. Atontado la sujeto los dedos unos segundos que me parecen minutos. Y sonriendo suelto sus dedos para levantarme y encaminarme a la salida.
Nos bajamos y cada uno retomamos nuestra rutina, pero antes de que ella se aleje demasiado la grito:-Irene.
Ella se ha dado la vuelta y me vuelve a sonreír, me acerco lentamente hacia ella. Los nervios cada paso son más intensos. Nos acercamos tanto que puedo notar su respiración, lentamente cerramos los ojos y nos damos un cálido beso.

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