Un nuevo día en mi mundo,
abro los ojos y le pido a mi madre cinco minutos más aunque ella se niega a
dármelos abriendo de par en par las cortinas.
-Marcos, levanta ya es hora, tienes el desayuno preparado. –Me mira
sonriente, tan alegre tan llena de vida, la quiero tanto.
-Ya voy mama. –La digo mientras, me estiro y hago crujir mis
nudillos, en unos minutos estoy desayunando.
-Vale, pero como tenga que volver, vas a cobrar. –Mientras, se da la
vuelta y empieza a marcharse de mi habitación.
-¡Mama espera! –La grito desde la cama. –Te quiero.
-Déjate de tu te quiero, y baja a desayunar ya.
-Joer mama, ni cuando te digo algo bonito eres capaz de reconocerlo.
Se ha marchado de mi
habitación me encuentro solo, me levanto y me pongo mis zapatillas, mi vista se
entretiene en un par de papeles que tengo en
la mesilla, al verlos no puedo evitar sonreír un poco. Todo llega a mi
cabeza como una imagen fugaz hoy tengo una “cita” a las 5 en el portal de
Irene. Sé que va a ser raro, pero aun más raro es esta sonrisa que se acaba de
dibujar en mi cara, y más raro será cuando mi madre me pregunte que hago tan
feliz desde tan temprano. Aunque ella sabe que las culpables son esas malditas
hojas que están en mi habitación, ahora guardadas en una caja en el fondo del
cajón de las camisetas.
No es un lugar secreto mi
madre, guarda muchas camisetas en ese cajón pero sabe que está prohibido mirar
dentro de esa caja. Aunque seguramente haya mirado en esa caja, sin que yo me
diera cuenta, pero me gusta pensar que tengo algún lugar secreto para guardar
cosas que nadie más podrá ver o en este caso leer.
El día había empezado
bien, pero quién sabe si fuera acabar de la misma manera y ahora mismo lo iba a
descubrir.
-Hola hijo, ¿Qué tal has dormido?
-Hola madre. Bien, nunca me podre quejar de la cama es tan cómoda y
aunque no lo fuera es mi cama.
-Ha llamado la tía, tienes que llevarla a la estación que tiene que
coger el tren se va al pueblo y necesita que alguien la lleve y como tú tienes
carnet y el coche, ha llamado preguntando por ti, que si le hacías el favor. Y
he dicho que si, que estas de vacaciones no tienes nada que hacer.
-Vale, me visto en cinco minutos y voy a recogerla, llámala mientras me
preparo.
-No hijo, es esta tarde cuando tienes que llevarla. –Mierda en mi
mente, sale la imagen de Irene, será un fastidio partir la tarde para poder
estar con ella por culpa de mi tia. –Es
de cuatro y media a cinco. Así que hoy nada de dormir siesta y ni mucho menos
llegar tarde a comer.
-¡Mama! –La respondo enfadado. –Que
manía tienes de hacerme planes sin consultar conmigo antes.
-Vamos a ver es tu tía, tus amigos pueden esperarte un rato. Y no hay
más que hablar, es un favor de la tía y se lo vas hacer te pongas como te
pongas.
Bueno, todo va a salir bien voy a
buscarla la dejo en la estación y que ella sola coja el tren no se va a perder
y más de una vez lo ha hecho, no hay problema. Espero que me dé tiempo y llegue
justo a la hora que me pedía Irene.
La mañana pasa sin ningún
problema, hago mi habitación y la recojo, la ordeno ya que si no mi madre me
gritaría como siempre hace cuando ve aunque solo sea un calcetín fuera de su
sitio. Repaso mentalmente el plan de esta tarde y me intento convencer de que
me va a dar tiempo. La mañana pasa lenta, no se si porque no tengo nada que hacer
o porque tengo ganas de que llegue las 5 para encontrare con ella y ver lo que
me depara su compañía.
Después de comer me meto en la
ducha y después de ella me lavo los dientes y me peino, empiezo a tener el pelo
demasiado largo pero ahora mismo me da igual todo. Salgo del baño ya vestido
busco las llaves del coche y salgo a la calle, hoy hace un buen día, nada de
nubes. Eso es buena señal, o ese creo, después de un largo rato eligiendo ropa,
creo que elegí bien, pantalones vaqueros, mis vans y esa camiseta azul básica
que tanto me gusta. Llego a casa de mi tía y recojo la maleta. La doy dos besos
y un abrazo, y nos metemos otra vez en el coche.
-Vas tu muy peripuesto para ir solo a una estación. –Me pregunta mi
tía con una sonrisa picara en la boca.
-Bueno después he quedado con… con unos amigos para ir a tomarnos algo y
quien sabe tita puede que a la vuelta de la esquina aparezca una chica y tenga
que ligar con ella. –La guiño un ojo de complicidad.
-Que pillin y un poco creído. –aunque últimamente estas muy guapo,
no será que tienes por ahí algo y te cuidas aun mucho mas.
-No tía, por favor ya sabes mi ley mejor solo que mal acompañado. –Aunque
por mi cabeza pasa otra idea muy diferente, ojala Irene se diera cuenta, sin
que yo tuviera que dar el paso, que así como así supiera que me gusta mucho.
Son las cuatro y cuarto, y acabo
de llegar a la estación la acompaño, hasta el cartel de salidas y miramos, el andén del tren que tiene que coger. Nos
quedamos con el numero y por el favor mi tía, me invita a un refresco en la
estación, mientras ella se toma su café y yo termino con mi refresco tenemos
una conversación sin sentido, en el que ella me cuenta lo rápido que pasa el
tiempo y lo viejo que se hace uno sin darse cuenta, la verdad se acerca la hora
y empiezo a estar nervioso no se qué pasará. Pero eso me ocupa totalmente mi
cabeza y ahora mismo mi tía se ha levantado y yo he quedado como un tonto.
-Lo siento tía, estaba pensando en una cosa.
-No si ya lo veo, es tas mas perdido hijo, bueno que ya es hora de que
me vaya al andén, no te quiero entretener mucho, pero me harías el favor de
cargarme la maleta en el tren.
-Si claro, tía. -Mirando el móvil veo que son menos cuarto, el plan
empieza apurarse y yo quedare mal. Y no llegare a tiempo.
Con paso rápido nos acercamos al
andén y dejo su maleta y me despido de ella, deseándola un buen viaje y que
llame o por lo menos avise a alguien de que ha llegado bien.
Mientras vuelvo al coche, miro el
móvil menos diez ya no llego ni aunque vuele. Llego al coche y a la cabeza me
llega el pensamiento de que no guarde la guitarra en el coche. Voy hacia a mi
casa todo lo deprisa que puedo. Cojo la guitarra y vuelvo al coche, en busca de
Irene, son las seis menos cinco llego súper tarde, aunque el móvil no ha sonado
ni una vez, ni me ha llegado ningún mensaje por whatsapp.
Llego a su portal, y ahí está
sentada en el escalón mirándome con muy mala leche.
-Lo siento, Irene, creía que me iba a dar tiempo llegar desde la
estación hasta aquí, pero me deje…-No termino de hablar cuando ella me
interrumpe enfadada
-Da igual, ya llegas tarde, vete
ya quedaremos otro día, cuando yo quiera y cuando el señorito tenga tiempo para
mí.
-Pero… Irene, espera lo siento tenía que llevar a mi tía a la estación…
y no te avise porque creía que me daría tiempo a llegar, y me hubiera dado
tiempo a llegar sino me hubiera dejado la guitarra en casa.
-Que da igual, déjalo vale, mira hablamos otro día, si eso…. –Me
contesta sin mirarme a la cara.
-Irene, yo…
-¿¡QUE!?
-Lo siento de verdad, yo no quería llegar tarde.
-Ya da i…. –La interrumpo
con un beso, no sé porque acabo de hacer eso, pero al verla tan cabreada
necesitaba remediar mi error, lo primero que se me cruzo fue hacer esa
tontería. Sigo con el beso, matando mi vergüenza poco a poco. Sintiendo cada
vez más ganas de no soltarla nunca. El beso dura poco, pero para mí ha sido el
beso más largo de mi vida.
-Que… que haces Marcos. –Una vez separados y con mirada atónita.
-Lo que sentía, lo que necesitaba hacer Irene, ves la he vuelto a cagar…
-Si la has cagado, otra vez, para que pides perdón “Panoli.” –Ella
se acerca otra vez y me devuelve un tierno beso, ella me agarra y me acerca más
a ella. –Pero que sepas que sigo cabreada
contigo has llegado veinte minutos tarde. Eso merece un castigo PANOLI…
La tarde continua, pero eso que
tal si lo dejo para el siguiente capítulo, déjame pensar en algún giro mas
sobre esta historia.
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