Me he levantado he abierto las cortinas y subido la persiana y para mi sorpresa me encontrado un día lluvioso. Asique he abierto la ventana de par en par, he tirado la colcha al suelo y me he sentado a observar la lluvia caer, he dejado que la brisa rozara mi piel y que unas cuantas gotitas cayeran en mi cara, haciéndome cosquillas.
Lentamente me he sumido en mi propia imaginación, sintiendo como poco a poco, mi boca recorre y describe una pequeña curva, señalando una gran sonrisa. Me he parado a pensar, en cuantas cosas he aprendido en la vida, y en todas las cosas que no quise aprender. Me he imaginado mi vida con un sendero lleno de puertas, puertas que abrí, puertas que deje cerradas por el miedo de lo que esconden.
Encontré la primera puerta, la puerta que hizo que muchas de ellas sigan cerradas, la que me creó un serio dolor, una ligera tristeza, un marchito desamor. Esa puerta que al principio parecía tan buena y decidí abrir de par en par. Un gran error cometí, hizo que mi corazón se encogiera herido, mis heridas sangraran, y mis lagrimas brotaran. Mire atrás, tantos besos guardados, tantos abrazos, tantos deseos, tantos sueños. Y por culpa de esta puerta, todos se hundieron en un profundo pozo. Destroce la puerta, soltando rabia guardada dentro, y expulsando felicidad. Ahora tengo permiso y no tengo miedo a volver a regalar mi corazón.
No lo busco, lo olvido, pero alerta. Tres sencillos pasos que me han hecho aprender de memoria, para así poder encontrar mi felicidad. Poder abrazar esos brazos que me regalan tranquilidad. Poder amar, y poder rozar esos labios. Regalar mimos que tantas veces he deseado regalar. No me preocupa sigo esperando, y sé que me enfrento a otra puerta.
¿La abriré?
Un trueno me saca de mi letargo y profundo sueño, como me he dormido hace nada estaba imaginándome mi vida con un sendero de puertas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario