Sentada en ese mismo árbol
de siempre, Irene, sonríe forzosamente, para contener las lágrimas. Nunca ha
sido una chica querida, es más, siempre le ha costado relacionarse con la
gente, la gente ha sido muy cruel con ella, y sus problemas. Lo que nadie sabe
es que esa chica, para tener la edad que tiene es mucho más madura de lo que
mucha gente piensa. Ella ha cargado con el peso de todos sus problemas, ha
querido encargarse desde siempre de la gente que le trataba mal, de las
personas que le hacían daño.
Irene sigue sentada después
de media hora y por mucho que lo ha intentado, las lágrimas han conseguido
salir, tiene los ojos encharcados en un océano de lágrimas contenidas. Y sus
mejillas, son un rio de agua y sal y una pizca de rabia. Esta chica ha tenido
muchos problemas con su cuerpo, no ha sido la chica ideal, ni ha sido la típica
chica, que dice ser una santa. Ha pasado por muchos estados, la alegría, la
pena y por qué no la locura.
Hoy antes de que Irene
acudiera a su refugio de siempre, a la sombra de ese árbol, escondido detrás de
unos grandes setos en su parque preferido, Irene había quedado con un chico que
había conocido por internet. Cuál es el problema, ese tipo no era nada más que mentiras, y solo había acudido
a esa cita para reírse de la pobre Irene.
¿Cómo puedo saber el por qué
Irene llora? Porque sigo a esa chica desde hace meses. Puede que ahora tengas
una imagen de mi equivocada, puede que tengas en la mente la idea de un psicópata
que le gusta seguir a chicas, pero no soy así.
Me llamo Marcos, Marc
para los amigos. Voy al instituto y soy compañero de Irene, puede que sea muy
vergonzoso como para acercarme y saludarla, a lo mejor me gusta sonreírla desde
la primera fila y puede que me guste soñar cosas que vivir con ella. Pero no
puedo acercarme, mi cuerpo se bloquea cuando ella me pide un boli o me saluda.
Nuestros padres se
conocen desde hace tiempo. A la salida del colegio nuestras madres hablaban en
el parque mientras todos los niños jugábamos con la arena o jugábamos al
futbol.
Soy alumno de
bachillerato e Irene igual. Desde que llegamos al instituto jamás nos hemos
separados desde primero de la E.S.O hasta bachiller, es nuestro último curso y
tengo miedo de que este se acabe y deje de verla y no haya conseguido hablar ni
siquiera un “hola ¿qué tal?”
Vuelvo a mirar al árbol en
busca de Irene, desde este banco tengo una imagen inmejorable para observarla
sin que se de cuenta o eso creía.
-Hola Marcos, ¿Qué tal? – Me había descubierto, parecía que mi escondite
no era tan bueno, y se había acercado a saludarme.
- Ho-o-o-ola Irene, muy bien ¿y tú?- después de mucho tartamudeo
conseguí que mi lengua se librara de la parálisis y articulara palabra.
-Bien- Miente intentado ocultar sus ojos irritados.
La miro sonriendo y
decido descubrir que su arte de la mentira está muy poco desarrollado- la verdad que mentir no se te da muy bien.
Tienes los ojos rojos, y parece que esta tarde no ha sido tu tarde.
-Si bueno, yo no sé mentir pero tú tampoco sabes esconderte y mucho
menos seguir a la gente.- Me lanza un órdago desbordándome por su
sinceridad. No puedo hacer otra cosa que reírme y gesticulando como si sacara
una bandera blanca –Vale vale me rindo. Tú
ganas.
Creo que es la primera
vez que mantengo una conversación tan extensa con Irene, normalmente después de
que se harte de esperar ese boli que me pide o que yo no le conteste, se retira
con un bufido peculiar y reprochando: “Que chico más raro”
Ella me gusta, claro que
me gusta. Pero no me atrevo a decirle lo mucho que siento que la gente se ría
de ella, porque ella para mi es totalmente perfecta. Odio que la gente la haga
llorar, o que la gente aproveche sus complejos para que ella salga hacia el
baño sin consuelo alguno.
-La gente me dice que soy rara, pero parece que a ti no te conocen del
todo.- Esboza una sonrisa, la verdad que es normal que ella piense que soy
un psicópata, cuando no tengo nada que estudiar o no tengo un plan importante
me dedico a seguirla, me encanta cuando llega al parque y le da igual que la
gente le mire, grita, ríe, o canta a grito pelado. Pero el mejor momento es
cuando llega a la sombra de su árbol, y saca de su estuche esa preciosa
guitarra acústica, la afina un poco y empieza a tocar canciones conocidas,
versionadas, las llamadas “covers.” Su voz baña el lugar y mucha gente se queda
mirando que esa chica extrovertida y loca, también sepa tocar la guitarra y lo
haga tan exageradamente genial. Que esa chica que hace un momento estaba
gritando sola, ahora este sentada bajo un árbol y toque esa guitarra.
-Si bueno, puede que yo sepa relacionarme con la gente y no parecer tan
loco como tu, me gusta mantener mi secreto de seguir a las chicas por el
parque.- La miro desafiándola, en verdad su comentario me había hecho mucho
daño.
Me mira desafiante y me
grita desafiante –eres un gilipollas, pero
lo mío puede tener cura, tu psicosis seguro que termina en el ala psiquiátrica de
la cárcel, inútil.- Da media vuelta y comienza a marcharse.
-¡Espera!- la grito – tu ganas,
vale me he pasado con ese comentario pero el tuyo también me ha dolido.
- Tú te lo has ganado subnormal.
Parece que está enfadada,
normal, soy un inútil por una vez que consigo hablar con ella, la cago sobre
manera. Además es normal que piense que estoy loco. –Lo siento vale no quería ofenderte, solo que a veces soy un poco
orgulloso. Me conoces desde hace tiempo. Y si, puede que sea raro en clase pero
es que no me conoces del todo. No soy un psicópata. Si me dieras tiempo te explicaría
todo con detalle. Pero es tarde tengo que largarme a mi casa, mis padres me
esperan para cenar, además tengo que escribir en mi diario de psicópata, los nuevos detalles de mi próxima víctima.-La
sonrió con cara de loco. Pero termino riéndome, parece que ella también se lo
ha tomado como una broma y sonríe un poco. –¿Quieres que te acompañe? Me pilla de paso tu casa, además tengo el
coche aparcado, te recuerdo por si no lo sabes que ya tengo el carnet, esto de
cumplir los 18 antes de que empiece el curso mola un montón, así puedes fardar
con tus amigos de que tú tienes carnet. Y ellos siguen yendo a pie.
-Bueno un loco al volante, además de un loco psicópata.- Me sonríe,
me buscaba las cosquillas quería picarme un poco.
-Bueno tú te lo pierdes pero ves esa nube gris, seguro que va a descargar
mucha agua y tu por tonta te vas a empapar, pero oye yo soy un loco, pero un
loco que no se moja. –Mientras, hemos llegado a la puerta del parque y he
sacado las llaves, con un “click” un coche cercano enciende sus intermitentes y
suena como los cierres se levantan.
-Vale tu ganas, me puedes llevar pero nada de hacer el loco con el coche
o me bajare al instante.
-Vale, vale, pero antes de nada un trato, tú te montas pero me tienes
que dar tu número de teléfono, para poder mandarte anónimos por el whatsapp. Te
recuerdo que por mucho paseo sigo siendo un loco desquiciado.
-Me acabas de asustar realmente, Marcos, pero bueno ya no podrá decir
mi madre te dije que no hablaras con desconocidos, en realidad si me haces
algo, si que te conocía.- Pienso en la broma que ha soltado, es verdad está
loca, como puede jugar con ese tipo de bromas, pero en realidad me hace gracia,
yo también soy de ese tipo de bromas.
-Tranquila no te hare nada, me das el numero o te mojas, allá tu.-
En mi mente canto una canción muy conocida por mucha gente ese programa de televisión,
presentado por Jesús Vazquez.
-Euros euros dubidu-Canta ella, dios estoy tan loco como ella, pero
me gusta.
Suelto una gran carcajada. Y ella
me pregunta: -¿De qué te ríes?
-De nada, de nada, bueno o numero o te mojas, señalando el suelo que
poco a poco empezaba a tomar un tono un más oscuro de gris, por las gotas que caían
a él.
Después de intercambiar los números
y de que yo flipara de lo que había sido capaz de hacer, un chantaje, y
hablarla como si nada pasara. Nos dirigimos a su casa. La deje al lado de su
portal, bajo un chaparrón, que impedía ver con claridad, ella salió corriendo
del coche con las llaves preparadas y gritándome un:-Ya quedaremos, te veo en clase panoli.
“Panoli” esa palabra se había quedado
en mi cabeza, no sé porque pero esa palabra hizo que sonriera porque sabía que
me había engañado. No me había dado su teléfono, había jugado conmigo. Lo comprobé.
Y estaba en lo cierto, me había engañado. Arranque de nuevo y deje atrás su
portal, no sé porque después de que esa loca me engañara yo estaba sonriendo
como un inútil, en realidad sonreía como un “panoli”
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