viernes, 28 de septiembre de 2012

Panoli 3 Un inesperado adios.



Después de salir del parque, no paraba de sonreír, seguía imaginándome a Irene en el fondo del estanque. ¿Me había pasado un poco con ella? Puede que si. Seguía con el diario en la mano, y caminaba sin rumbo, tenía el coche aparcado en la puerta pero me apetecía caminar un rato, que me diera el aire. Aunque había una nube gris, que amenazaba con una nueva tormenta de verano. Abrí el maletero y cogí la guitarra.
En cambio a Irene, yo tenía un lugar secreto para mí solo, pero que solo yo conocía. Puede que solo lo conociera yo porque ella no se pasaba las tardes aburridas siguiendo a un compañero de clase. Tenía ganas de tocar esa canción que yo había compuesto, a solas, para pensar en cuál sería mi próximo paso, poco a poco quería conocerla, pero no dejar de jugar con ella al gato y al ratón. Llegue a ese edificio alto, en el que se veía toda la ciudad, entre en él y me dirigí hacia la salida de emergencia, para subir por las escaleras al tejado. Una vez en el tejado, me senté en la caja de extracción de aire y saque mi guitarra. Era hora de entonar una vez más esa canción, que tanto me costó crear.  Mientras cantaba, el diario se cayó al suelo revelando que entre una de sus hojas, había un par de fotos. Llegado hasta ese punto que mas da cotillear un poco pensé. Cogí el diario y las fotos, y me dedique a mirarlas. En algunas salía ella con sus amigas de fiesta, tan guapa como siempre. Siempre sonriente y es lo que me encanta de ella, puede pasar por muchos bajones y se pueden meter con ella, pero a la hora de la verdad le encanta sonreír y divertirse.
Cuál fue mi sorpresa que entre una de las fotos había una foto mía y suya, en uno de los tantos viajes de fin de curso que habíamos hecho en el instituto. Detrás de la foto había un titulo “Marc y Yo” Cogí un boli y debajo del título puse “Un Panoli con otra Panoli” Al fin y al cabo me encantaba que ella me llamara panoli. Era como nuestro nombre particular, como miles de parejas tienen. Ya era tarde y tenía que volver a casa para comer. Mire el móvil, tenía una notificación de mensaje. Lo abrí, era Irene. En el mensaje se leía. “Hola Marco… digo Panoli. Este es mi número, espero que sepas guardarlo. PD: Sigues con mi diario, lo quiero de vuelta.
 Salí corriendo hacia el parque.
-Hola Marc, parece que últimamente nos vemos mucho ¿verdad? –Me sonríe, con esa mirada suya
-Y antes también te veía mucho.-La consigo responder ahogadamente, después de la carrera que me había dado.- el problema que no te dabas cuenta, si te acuerdas, era yo el que te seguía. Soy un psicópata-
-Si, si lo recuerdo, pareces que estas bajo de forma, o estas ya un poco viejo. Cumplir 18 años antes que toda la clase tampoco resulta ser tan ventajoso, si por una carrera de nada estas ahogado. – Me sonríe jocosamente.
¿Esta chica recuerda todo lo que digo yo?- Pienso. Mientras, busco alguna respuesta ingeniosa, para dejarla sin palabras, pero no me llega ninguna. –Ya bueno, todo tiene sus ventajas y sus desventajas.- Consigo responder antes de que piense que me he quedado mudo.- Además que mas da tu estas mojada yo estoy seco.
-Subnormal, si no me hubieras empujado, no me habría empapado. Además, no me cabrees
-Uhhhh que amenaza más mala, no te tengo miedo. Loca. –La sonrió mientras, la insulto, me encanta picarla, para que ella me responda. Cada minuto que pasa noto que me gusta un poco más. Pero cada vez que crece ese sentimiento mi vergüenza mengua a pasos agigantados. Al fin y al cabo me va ayudar, hablar con ella.
-Bueno, que me devuelva mi diario.-Me exige con alterando la voz.
-Ya voy, ya voy… no espera, todavía no has cumplido con todas tus promesas y no me fio de que me la vuelvas a jugar, aprendí la lección.-Mientras la guiño un ojo para darle un toque mas burlón a la situación.
-Crees que tengo todo el tiempo del mundo para ti. Mira chaval no te creas el ombligo del mundo.
-Bueno, pues nada, espero que no tengas muchas cosas privadas aquí, porque cuando se entere el colegio de todo lo que escribes, será mortal.
-Eres un gilipollas, tío no te aguanto, podrías irte a dar un paseo y dejarme en paz.-Me responde enfadada, parece que el juego se está terminando.
Está enfadada y se nota, creo que tengo que dejar de ser tan pesado, dejar el vacile para otro momento. Por un momento decido confiar en ella asique la devuelvo su diario. –Toma, niñita que te quejas por todo, solo era un vacile. Bueno me despido, me voy a mi casa que me esperan a comer.
-Así sin más, ¿sin llevarme a casa? –Me mira fijamente, parece que lo dice en serio.
-Pero tú te has visto, estas empapada. –Hay una cosa con la que no se juega y esa es el coche.
-SI tu no me hubieras tirado al estanque no estaría empapada, además estoy más que seca y empiezo a tener un poco de frio.
La miro y en realidad me da un poco de pena, fui yo quien la tiro al estanque y no puedo negarme a llevarla a casa.-Vale, pero tendrás que ir en el maletero, tan mojada no puedes sentarte en el coche.-Intento ponerme serio para que se lo crea, pero en el último minuto suelto una carcajada.
-Ni gracia, eh ni gracia.-Aunque ella sonríe un poco.
Nos dirigimos al coche, cargo con mi guitarra, y con la deportista innata. Llegamos al coche y abro el maletero, mientras la miro, no puedo parar de sonreír, es tan guapa, me gusta tanto, pero a la vez soy tan cortado.
-Esta broma no tiene gracia Marc, no me pienso meter en el maletero.-Me mira amenazadora.
-Tranquila es solo para meter la guitarra. Además, es un maletero pequeño no entrarías en el, o si… ¿Quieres comprobarlo?-La invito a entrar en él con una sonora carcajada.
-No, gracias me vale con el asiento de copiloto.
Como ya es costumbre la llevo a casa, en coche, la dejo en la misma puerta, en la puerta que ayer Irene me tomo el pelo.
Pero algo inesperado sucede, puede que al fin y al cabo ella no sea tan mala, solo que le gusta jugar, le gusta ser esa chica picara. Esa chica tan maja, le guste divertirse y reír mucho.
-Ya hemos llegado Irene, no te olvides del diario… otra vez.
-No tranquilo lo llevo en la mano, para no dejármelo olvidado en sitios inoportunos, adiós Marc.-Nos veremos pronto lo intuyo.
-Quien sabe Irene, la vida da muchas vueltas, puede que no te vea hasta mi primera clase de guitarra que me debes, o es más, incluso no me vuelvas a ver más el pelo, así te dejaría tranquila. Y todos tan felices. –Mientras la miro fijamente a los ojos, ¡Dios! Malditos ojos claros, maldita sonrisa, maldita seas, no puede ser. Nunca había empezado a sentir esto en mi vida por una chica, me habían gustado algunas, pero ella, ella es especial.
-Marc, en realidad si no te viera más, creo que…  -Lo deja en suspense, mi corazón se acelera, a lo mejor escuche algo que me guste, y eso mi corazón lo sabe, asique se acelera rápidamente, y me da miedo que con el silencio que se acaba de crear, Irene se dé cuenta que mi corazón ha acelerado su pulso para escuchar algo bonito, algo inesperado. –Creo que si no te viera, si viviría más tranquila.- Mi corazón se para en un segundo, palabras que duelen y se clavan justo en el centro.
-Bueno, entonces si es lo que quieres, que te vaya bien este verano, Irene que lo disfrutes al máximo y… hasta siempre.-Mientras ya he arrancado el coche y me he puesto el cinturón, solo queda que Irene, salga por esa puerta y ya no vuelva a verla nunca. Mi cara cambia, compone una tristeza profunda.
-Hasta nunca, Marc que te vaya bien. –Mientras se ha bajado del coche, y ha cerrado la puerta, ahora nos separa un infinito vacio. Ella situada en la acera yo con la primera metida, y a punto de arrancar. Bajo el freno de mano y me voy con una tristeza que abate mi corazón. Mi cabeza piensa que es lo mejor, mi corazón llora porque sabía que ella era algo especial, pero se acabo el juego. Es más se que así todo irá mejor para cada uno de nosotros. Puede que mi cabeza esta vez ganara al corazón y no estábamos hecho el uno para el otro.
¿Que pasara? Bueno todas las personas saben que el mundo es un pañuelo. Pero quizá la distancia sea la mejor cura para todos.

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