Después de salir del
parque, no paraba de sonreír, seguía imaginándome a Irene en el fondo del
estanque. ¿Me había pasado un poco con ella? Puede que si. Seguía con el diario
en la mano, y caminaba sin rumbo, tenía el coche aparcado en la puerta pero me
apetecía caminar un rato, que me diera el aire. Aunque había una nube gris, que
amenazaba con una nueva tormenta de verano. Abrí el maletero y cogí la
guitarra.
En cambio a Irene, yo
tenía un lugar secreto para mí solo, pero que solo yo conocía. Puede que solo
lo conociera yo porque ella no se pasaba las tardes aburridas siguiendo a un
compañero de clase. Tenía ganas de tocar esa canción que yo había compuesto, a
solas, para pensar en cuál sería mi próximo paso, poco a poco quería conocerla,
pero no dejar de jugar con ella al gato y al ratón. Llegue a ese edificio alto,
en el que se veía toda la ciudad, entre en él y me dirigí hacia la salida de
emergencia, para subir por las escaleras al tejado. Una vez en el tejado, me
senté en la caja de extracción de aire y saque mi guitarra. Era hora de entonar
una vez más esa canción, que tanto me costó crear. Mientras cantaba, el diario se cayó al suelo
revelando que entre una de sus hojas, había un par de fotos. Llegado hasta ese
punto que mas da cotillear un poco pensé. Cogí el diario y las fotos, y me
dedique a mirarlas. En algunas salía ella con sus amigas de fiesta, tan guapa como
siempre. Siempre sonriente y es lo que me encanta de ella, puede pasar por
muchos bajones y se pueden meter con ella, pero a la hora de la verdad le
encanta sonreír y divertirse.
Cuál fue mi sorpresa que
entre una de las fotos había una foto mía y suya, en uno de los tantos viajes
de fin de curso que habíamos hecho en el instituto. Detrás de la foto había un
titulo “Marc y Yo” Cogí un boli y debajo del título puse “Un Panoli con otra
Panoli” Al fin y al cabo me encantaba que ella me llamara panoli. Era como
nuestro nombre particular, como miles de parejas tienen. Ya era tarde y tenía
que volver a casa para comer. Mire el móvil, tenía una notificación de mensaje.
Lo abrí, era Irene. En el mensaje se leía. “Hola Marco… digo Panoli. Este es mi
número, espero que sepas guardarlo. PD: Sigues con mi diario, lo quiero de
vuelta.
Salí corriendo hacia el parque.
-Hola Marc, parece que últimamente nos vemos mucho ¿verdad? –Me sonríe,
con esa mirada suya
-Y antes también te veía mucho.-La consigo responder ahogadamente,
después de la carrera que me había dado.- el
problema que no te dabas cuenta, si te acuerdas, era yo el que te seguía. Soy
un psicópata-
-Si, si lo recuerdo, pareces que estas bajo de forma, o estas ya un
poco viejo. Cumplir 18 años antes que toda la clase tampoco resulta ser tan
ventajoso, si por una carrera de nada estas ahogado. – Me sonríe
jocosamente.
¿Esta chica recuerda todo lo que digo yo?- Pienso. Mientras, busco
alguna respuesta ingeniosa, para dejarla sin palabras, pero no me llega
ninguna. –Ya bueno, todo tiene sus
ventajas y sus desventajas.- Consigo responder antes de que piense que me
he quedado mudo.- Además que mas da tu
estas mojada yo estoy seco.
-Subnormal, si no me hubieras empujado, no me habría empapado. Además,
no me cabrees
-Uhhhh que amenaza más mala, no te tengo miedo. Loca. –La sonrió
mientras, la insulto, me encanta picarla, para que ella me responda. Cada
minuto que pasa noto que me gusta un poco más. Pero cada vez que crece ese
sentimiento mi vergüenza mengua a pasos agigantados. Al fin y al cabo me va
ayudar, hablar con ella.
-Bueno, que me devuelva mi diario.-Me exige con alterando la voz.
-Ya voy, ya voy… no espera, todavía no has cumplido con todas tus
promesas y no me fio de que me la vuelvas a jugar, aprendí la lección.-Mientras
la guiño un ojo para darle un toque mas burlón a la situación.
-Crees que tengo todo el tiempo del mundo para ti. Mira chaval no te
creas el ombligo del mundo.
-Bueno, pues nada, espero que no tengas muchas cosas privadas aquí,
porque cuando se entere el colegio de todo lo que escribes, será mortal.
-Eres un gilipollas, tío no te aguanto, podrías irte a dar un paseo y
dejarme en paz.-Me responde enfadada, parece que el juego se está
terminando.
Está enfadada y se nota,
creo que tengo que dejar de ser tan pesado, dejar el vacile para otro momento.
Por un momento decido confiar en ella asique la devuelvo su diario. –Toma, niñita que te quejas por todo, solo
era un vacile. Bueno me despido, me voy a mi casa que me esperan a comer.
-Así sin más, ¿sin llevarme a casa? –Me mira fijamente, parece que
lo dice en serio.
-Pero tú te has visto, estas empapada. –Hay una cosa con la que no
se juega y esa es el coche.
-SI tu no me hubieras tirado al estanque no estaría empapada, además estoy
más que seca y empiezo a tener un poco de frio.
La miro y en realidad me
da un poco de pena, fui yo quien la tiro al estanque y no puedo negarme a
llevarla a casa.-Vale, pero tendrás que
ir en el maletero, tan mojada no puedes sentarte en el coche.-Intento
ponerme serio para que se lo crea, pero en el último minuto suelto una
carcajada.
-Ni gracia, eh ni gracia.-Aunque ella sonríe un poco.
Nos dirigimos al coche,
cargo con mi guitarra, y con la deportista innata. Llegamos al coche y abro el
maletero, mientras la miro, no puedo parar de sonreír, es tan guapa, me gusta
tanto, pero a la vez soy tan cortado.
-Esta broma no tiene gracia Marc, no me pienso meter en el maletero.-Me
mira amenazadora.
-Tranquila es solo para meter la guitarra. Además, es un maletero
pequeño no entrarías en el, o si… ¿Quieres comprobarlo?-La invito a entrar
en él con una sonora carcajada.
-No, gracias me vale con el asiento de copiloto.
Como ya es costumbre la
llevo a casa, en coche, la dejo en la misma puerta, en la puerta que ayer Irene
me tomo el pelo.
Pero algo inesperado
sucede, puede que al fin y al cabo ella no sea tan mala, solo que le gusta
jugar, le gusta ser esa chica picara. Esa chica tan maja, le guste divertirse y
reír mucho.
-Ya hemos llegado Irene, no te olvides del diario… otra vez.
-No tranquilo lo llevo en la mano, para no dejármelo olvidado en sitios
inoportunos, adiós Marc.-Nos veremos pronto lo intuyo.
-Quien sabe Irene, la vida da muchas vueltas, puede que no te vea hasta
mi primera clase de guitarra que me debes, o es más, incluso no me vuelvas a
ver más el pelo, así te dejaría tranquila. Y todos tan felices. –Mientras la
miro fijamente a los ojos, ¡Dios! Malditos ojos claros, maldita sonrisa,
maldita seas, no puede ser. Nunca había empezado a sentir esto en mi vida por
una chica, me habían gustado algunas, pero ella, ella es especial.
-Marc, en realidad si no te viera más, creo que… -Lo deja en suspense, mi corazón se
acelera, a lo mejor escuche algo que me guste, y eso mi corazón lo sabe, asique
se acelera rápidamente, y me da miedo que con el silencio que se acaba de
crear, Irene se dé cuenta que mi corazón ha acelerado su pulso para escuchar
algo bonito, algo inesperado. –Creo que
si no te viera, si viviría más tranquila.- Mi corazón se para en un
segundo, palabras que duelen y se clavan justo en el centro.
-Bueno, entonces si es lo que quieres, que te vaya bien este verano,
Irene que lo disfrutes al máximo y… hasta siempre.-Mientras ya he arrancado
el coche y me he puesto el cinturón, solo queda que Irene, salga por esa puerta
y ya no vuelva a verla nunca. Mi cara cambia, compone una tristeza profunda.
-Hasta nunca, Marc que te vaya bien. –Mientras se ha bajado del
coche, y ha cerrado la puerta, ahora nos separa un infinito vacio. Ella situada
en la acera yo con la primera metida, y a punto de arrancar. Bajo el freno de
mano y me voy con una tristeza que abate mi corazón. Mi cabeza piensa que es lo
mejor, mi corazón llora porque sabía que ella era algo especial, pero se acabo
el juego. Es más se que así todo irá mejor para cada uno de nosotros. Puede que
mi cabeza esta vez ganara al corazón y no estábamos hecho el uno para el otro.
¿Que pasara? Bueno todas
las personas saben que el mundo es un pañuelo. Pero quizá la distancia sea la
mejor cura para todos.
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