-¿A dónde vas? –me gritaba mientras yo me alejaba corriendo.
- ¡A solucionar lo que debí solucionar en su momento! –le conteste gritando. Ya era hora de afrontar lo que debía afrontar con agallas, sin dar la espalda al problema que ahora me planteaba, ¿Difícil? Claro quién ha dicho que la vida fuera fácil. No tenía nada preparado, no tenía nada pensado, solo deseaba que mi corazón supiera lo que expresar cuando estuviera junto a ella. Siempre le había gustado mi locura, siempre le había gustado que conmigo el tema de conversación pudiera ser cualquiera. Y ahora confiaba en que mi cabeza y mi corazón no me traicionaran y se marcharan por la puerta de atrás, que se quedaran conmigo en todo momento, porque ahora los necesitaba más que nunca.
La verdad que la conversación que había mantenido instantes antes con mi mejor amigo me ayudo a saber lo que necesitaba saber y es que el miedo es normal, pero lo que no puedo dejar es que el miedo me gane esta partida.
Seguí corriendo, el aliento no llegaba con suficiente premura, la sangre era bombeada a miles de latidos por hora, la carrera no era lo que me estaba matando, era los nervios que hacían que mi boca no pudiera pronunciar ningún sonido, que mis manos temblaran, y que mis piernas fallaran y me provocaran mas de algún tropiezo. La vi a ella, y mi mente como por arte de magia se colapso, me quede en blanco, con lo mucho que cuesta que me calle ahora mi mente, me abandonó, mis cuerdas vocales se tensaron sin poder pronunciar ningún sonido, y lo peor de todo es que parecía un flan, mis piernas no paraban de temblarme junto con mi cuerpo entero, convulsiones infinitas que hacían castañear mis dientes, que mi espalda se retorciera, y un sudor frio cayera gota a gota por la espalda resbalando, incrementando así mis nervios.
Con paso decidido, sin saber que decir, sin recibir la ayuda de mi mente, doy un paso, y otro, lentamente me acerco y todo empieza a verse nublado, puede que sea la fatiga, o incluso que los nervios no me ayuden a enfocar, pero de un momento a otro, todo a mi alrededor se desvanece todas las ilusiones que tenia se van por la puerta de atrás dejándome una vez mas solo, sintiendo como mi corazón rebota en el pecho deseoso de salir ileso de este derrumbamiento. Ella esta agarrada a lo que parece que es mi mejor amigo, pero como llego antes que yo, el estaba en el banco conmigo hablando de la chica que me gustaba, me dio el consejo de lanzarme, me dijo que me lanzara al vacio y así podría experimentar como la adrenalina sube a tu cabeza para después bajar a tu pecho y tu corazón se acelere.
-Ey, ¡que pasa tío! Saliste corriendo, sin saber a dónde ibas, hablaste con ella – Sonriéndome levantándome una ceja, esa ceja que ahora me acaba de destrozar el corazón que esa sonrisa me mata. Esa cara que ahora quiero partir, que ahora quiero destrozar contra los adoquines de la plaza.
- Ya, bueno primero fui a reflexionar un rato y ahora venía a buscarla, a contarle todo, oye que gracias.- por reventarme la vida quería decir.
-No hay de que, sabes que siempre he estado para todo -. Me vuelve a sonreír, esa sonrisa que me acaba de destrozar todos los esquemas de mi vida, confiaba en él, y el sabia que ella me gustaba, el sabia que me destrozaría y ahora viene con su sonrisa irónica, con su altivez de prepotente, y ahora si que si me entran unas ganas irremediables de cogerle el cuello de la camiseta y decirle todo lo que le odio por lo que acaba de hacer a su mejor amigo. Por lo que acaba de hacer a lo que un día fue su hermano.
-Hola Sam, ¿Qué tal? Hacía mucho que no te veía, hablar por tuenti mucho pero verte la cara se vuelve cada día más complicado.
-Si bueno… eh… ya… he estado muy ocupado con eso del insti, trabajos exámenes, selectividad apretándome los talones y como comprenderás tengo muy poco tiempo-. La dedico mi mejor sonrisa, por mucho daño que me haya hecho, es ella y es la que muchas noches me ha mantenido en vela.
-Ey tío, nos vamos ¿vale? Tenemos que hablar para explicarte unas cuantas cosillas, lo siento de verdad, acaba de ocurrir, y…
-Que acaba de ocurrir-pregunta ella-
-Nada cosas entre él y yo, cuídate tío un abrazo-. Y se van, dejándome a mi plantado, agarrados de la mano, felices. Y yo mientras desolado y abatido con un disparo certero en el centro de mi corazón. Llorando sangre, derrochando desamor y tristeza, me voy cabizbajo a mi casa, estaba a media hora, pero hoy tardo más de dos horas en llegar hasta la puerta de mi casa, mientras intento serenarme y no llorar por lo que un día soñé ser mía, y por lo que se llevo mi amigo, mi mejor amigo, mi hermano.
Entro en casa llego hasta mi habitación, y mi móvil suena, es él, el cabrón que un día dejo de pensar en mi para pensar solo en él, el que destrozo mi vida sin ni siquiera preguntar.
Dos meses después.
Vuelve a sonar, mi teléfono, no se ha cansado de que le cuelgue, estoy harto, de el de sus hipocresías, de sus lo siento infames. Le odio. Pero hoy por ser un día especial, le cojo el móvil.
-¡Qué quieres!- le contesto gritando-. Vienes a joderme más la vida, o solo a pavonearte un rato más de lo que me quitaste.
-Tío lo siento, de verdad, yo llegue y ella se abalanzo y me dijo lo que sentía y no pude, mejor dicho… no supe que decir, y yo también me lance.
-Eres un desgraciado, un cabrón, estoy harto de ti, te odio tío, eres lo peor, estaba claro que lo que yo un día te dije tu no lo sentías, tu venderías a tu propia madre si fuera preciso-. Y le cuelgo, odiándole un poco más.
Me visto y cojo la pelota de baloncesto y mi Ipod. Llego a las canchas y empiezo a lanzar unos tiros libres, necesito desahogar todo lo que me ha pasado en estos dos meses. Se ha hecho de noche y al salir de las canchas me lo encuentro de cara. –espera…-. Me grita, no tengo ganas de escucharle, asique no me quito ni los cascos, me agarra por el brazo, y le doy un empujón, y se choca contra la pared.
-Te odio, tío entiéndelo ¡joder! -. Y le suelto un primer puñetazo en la mandíbula, y noto como mis dedos se aplastan contra sus dientes, destrozándole la cara, me lleno de rabia, y le propino otro puñetazo en el pómulo, dejándole casi K.O. Y seguidamente cojo la pelota y me marcho, me marcho pensando en lo que he hecho. Me duele la mano, pero ahora me siento mucho mejor. Llego a mi portal y me la encuentro llorando, y mi cabeza vuela a lo que ha podido hacerle ese desgraciado.
- Lo… lo siento, siento no haber visto las señales que tantas veces me lanzabas, pero me cegué con él, y no sabía interpretar lo que tu sentías por mí, después de noches y noches hablando contigo, no supe ver lo mucho que me gustabas y lo mucho que te quiero, y por eso me fui con él. Le he dejado, quiero estar contigo-. Esa declaración me deja helado, sin saber que decir ni cómo reaccionar. Esas palabras que tantas veces he anhelado de ella, tantas veces he soñado en escuchar y ahora que lo escucho solo me produce, una sonrisa irónica.
-¿Sabes qué? Tú también me gustas y ese día que me viste iba a declararme, a decirte que todas esas noches hablando contigo tenían mucho que ver, que sentía todo por ti, pero te agarraste a él y él no supo mantenerse al margen, pero ¿Qué más da si uno sufre? Si tú estabas feliz con él, y mira me gustas, me encantas mejor dicho y siempre esperaba este momento, y por fin ha llegado-. Y la beso, la doy un profundo beso, la agarro y la junto a mí, la noto muy cerca y entro en una sensación indescriptible. Después me separo a ella y con todo el dolor de mi corazón la digo:-Pero tú y yo, no podremos estar juntos, sigue tu vida, se feliz, yo ahora mismo lo único que quiero es olvidarte.
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